Esta es una de esas recetas que te saca de muchos apuros, es sencilla, con ingredientes baratos, que estan muy cerca y siempre disponibles.
Realmente vale la pena tenerla en cuenta, ya sa como plato único, como guarnición o como compañera de trabajo en nuestro tupper.

Vamos con los ingredientes.

  • 250grms de garbanzos cocidos (en nuestro caso secos)
  • 1 Cebolla grande
  • 1-2 lonchas de panceta
  • Sal
  • Azúcar
  • AOVE

Ya podeis ver que ingredientes más básicos y más baratos, es dificil encontrarlos.

Lo primero que haremos será cortar las lonchas de panceta en tiras finas o en dados, como más os guste. En una sarten honda o una cacerola, ponemos a fuego vivo una cucharada de AOVE y añadimos la panceta para que se vaya dorando.

Mientras tanto aprovechamos y picamos la cebolla finita, una buena cantidad, no tengais miedo, queremos que en este plato ella sea la protagonista.
Cuando la panceta este doradita pero aun tierna, la retiramos con una espumadera y dejamos el aceite y la grasa que haya soltado.

Será aquí donde añadiremos y cocinaremos la cebolla con un pellizco de sal y otro de azucar para que tome el color tostado. Bajamos el fuego al mínimo y dejamos que la cebolla se vaya pochando sin prisa, esta es la parte más lenta del plato.

Mientras tanto podeis aprovechar para escurrir los garbanzos si son de bote, en este caso no nos interesa añadir ningún tipo de caldo.

Nosotros esta vez hemos optado por hacer los garbanzos “a la antigua”. Comprados secos, los pusimos la noche antes a remojo, en agua caliente con un poco de sal. Le cambiamos el agua una vez y listos.

Por la mañana con la calma los pusimos a hervir en una olla convencional, con una pizca de sal y 2 hojas de laurel, unas dos horas y media, dejándolos al punto y un poco duros aún.

En cualquier caso, las dos opciones para los garbanzos, son las buenas, solo depende del tiempo y de si quereis experimentar. Personalmente era la segunda vez que cocinaba garbanzos secos y me apetecía probar.

Cuando la cebolla está tierna, transparente y empiece a dorarse, incorporamos de nuevo la panceta, le damos un par de vueltas para mezclar y que coja calor y añadimos los garbanzos.
Un par de vueltas, que cojan temperatura, se mezclen los sabores, corregir de sal, que los garbanzos absorvan parte del aceite y ya estaran listos.

Los nuestros necesitaron media vaso de agua, 5 minutos más de cocción y un último toque de sal, para afinar el resultado final.

Pues ya veis, así de sencilla es esta receta, que igual sirve como una guarnición, como un plato de tupper, que se come caliente o fria, dependiendo del momento y del gusto de cada uno.

Si os apetece fria, os dejo una opción, un huevo duro cortado en trozos pequeños, un tomate maduro rallado, un buen chorro de AOVE y una gran ensalada preparada.

Ahora, a disfrutar de esta receta de legumbres!!!